A inicios del siglo XX, la colonización de la Patagonia fue impulsada por el Estado chileno. Hasta al menos 1902, este territorio permanecía prácticamente virgen, obligando a los colonos a adaptarse, sobrevivir y construir un futuro en condiciones extremas (Martinic, 2005).
Ante la falta de medios para la explotación maderera, se tomó la decisión de incendiar extensas áreas de bosques ancestrales con el objetivo de crear praderas aptas para la ganadería. Así se estableció una tradición ligada a la crianza de ovinos, caballos y vacunos, pero a un alto costo ecológico.
Las quemas indiscriminadas alteraron drásticamente el equilibrio natural de los ecosistemas, reduciendo la biodiversidad y fragmentando la cobertura vegetal original. El impacto de estas prácticas aún es visible en la distribución actual del bosque nativo en la Patagonia.
Si bien Torres del Paine se encuentra en la región de Magallanes, es parte esencial de la Patagonia y ha sido testigo de dos grandes incendios en este siglo, ambos accidentales pero derivados de un mal manejo en el turismo.
En febrero de 2005, un turista checo utilizó una cocinilla en un área no autorizada, causando un incendio que consumió cerca de 15,000 hectáreas de bosque nativo. Este desastre afectó gravemente el ecosistema del parque, donde la regeneración de especies como la lenga y el ñirre puede tardar siglos.
En diciembre de 2011, otro turista extranjero inició un incendio al quemar papel higiénico, resultando en la pérdida de 17,000 hectáreas de vegetación nativa. Este suceso impulsó la implementación de normativas más estrictas para el uso del fuego en el parque y reforzó las campañas de concientización dirigidas a los visitantes.
Lee más sobre estos incendios desde la mirada de sus protagonistas
A principios de este año, la Patagonia argentina sufrió uno de los peores incendios forestales de las últimas tres décadas, afectando principalmente las provincias de Neuquén, Río Negro y Chubut. Este incendio consumió más de 50,000 hectáreas de bosques nativos en Argentina, incluyendo áreas protegidas como los Parques Nacionales Lanín y Los Alerces.
Las llamas cruzaron la frontera en febrero, impactando el sur de la región de Los Lagos, el inicio de la Patagonia chilena y la Carretera Austral, particularmente en la comuna de Cochamó, donde se reportaron más de 11,000 hectáreas afectadas.
Este desastre puso en evidencia la vulnerabilidad de los ecosistemas patagónicos y la necesidad de fortalecer la cooperación binacional en la prevención y combate de incendios forestales.
Como operadores turísticos, viajeros y amantes de la naturaleza, tenemos un papel crucial en la protección de estos ecosistemas. Algunas acciones clave incluyen:
✅ Seguir siempre las indicaciones de guardaparques y autoridades locales. En muchas áreas protegidas está prohibido hacer fuego o encender fogatas.
✅ No arrojar colillas de cigarro, fósforos ni basura combustible en senderos o zonas naturales.
✅ Respetar las restricciones en épocas de alto riesgo. En temporada seca, ciertos senderos y parques pueden cerrar para evitar incidentes.
✅ Usar cocinillas en vez de fogatas. Si necesitas calentar comida, hazlo en zonas habilitadas y con métodos seguros.
✅ Reportar cualquier inicio de fuego o situación de riesgo a las autoridades locales.
Los bosques patagónicos cumplen un rol clave en la regulación climática, la conservación de la biodiversidad y el equilibrio ecológico. De hecho, estudios de la Universidad Austral de Chile (2023) indican que estos ecosistemas almacenan casi el doble de carbono por hectárea que los bosques de la Amazonía.
Su protección es una responsabilidad compartida. Quienes habitamos este rincón del mundo y quienes lo visitan debemos asegurarnos de preservar su belleza y riqueza natural para las futuras generaciones.